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Daniel Enz recibe la Pluma de Honor 2022 de la Academia Nacional de Periodismo

Días atrás, el nombre del periodista santafesino Daniel Enz (Reconquista, 1962) volvió a la escena pública durante el proceso de destitución de la fiscal Cecilia Goyeneche, denunciante del exgobernador de Entre Ríos Sergio Urribarri, ya con condena, y otros funcionarios públicos y políticos beneficiados en el reparto ilegal de millones de dólares. La trama del caso de corrupción queda expuesta en uno de los libros de Enz, El Nido. Poder, justicia y corrupción en Entre Ríos, con prólogo de Fernando Ruiz y edición a cargo del propio autor, premiado en 2019 como mejor libro de investigación periodística del año por Fopea. “Yo no publico por editoriales –dice Enz, autor de dieciséis libros–. Prefiero endeudarme con mi hermano y apostar a imprentas de esta región. Por eso mis libros se encuentran solo en Entre Ríos y la ciudad de Santa Fe, a través de la distribución de la revista Análisis y libreros amigos”. Se lanzan de dos mil a tres mil ejemplares. “Recuperamos la inversión porque se vende el 80% de la tirada”.

Desde hace varios años su trabajo es reconocido por colegas e instituciones. “Son caricias, abrazos eternos –dice–. Me generan un mayor desafío todo el tiempo. Siempre pienso en la investigación que viene. Estamos para eso”. Enz dirige la revista Análisis y el portal Análisis Digital; conduce Cuestión de fondo y Memoria frágil en el Canal 9 Litoral y el programa radial A quien corresponda.

El martes –Día del Periodista–recibirá el premio Pluma de Honor 2022, que otorga la Academia Nacional de Periodismo, durante una ceremonia en la Biblioteca Nacional. En ese acto, la Academia también entregará el premio a Robert J. Cox (Pluma de Honor 2020) y a Elisabetta Piqué (Pluma de Honor 2021), tras dos ediciones interrumpidas por la pandemia.

–¿Recuerda por qué decidió dedicarse al periodismo?

–Fui canillita a los once años y me apasionaba vocear los títulos del diario Noreste que vendía en mi ciudad de origen. Me levantaba a las cuatro de la madrugada y a la una de la tarde iba a la escuela primaria. Después, en la secundaria, en el Instituto Reconquista, el profesor Hugo Nalli nos enseñó a hacer un diario mural y me terminé de enamorar de las noticias. Durante los cinco años de la secundaria, cada noche, me quedaba escuchando noticias de la radio, las escribía en varias hojas y las pegaba al otro día en el pizarrón de la escuela. Era el chico más feliz del mundo al ver a mis compañeros o a los profesores llegar al aula y acudir directamente al pizarrón para ver qué noticias les daba. Esos fueron mis inicios.

–¿Qué dificultades tuvo y tiene que atravesar para desarrollar su tarea?

–Nos costó mucho esfuerzo imponer la revista Análisis, creada en abril de 1990, en Entre Ríos. Por la forma frontal y de investigación periodística, a la que no estaban acostumbrados los entrerrianos. Nos llevaron a juicio muchos poderosos y siempre les ganamos. Me dieron vuelta mi casa, nos dieron vuelta la revista, se cansaron de seguirnos, de amenazarnos, de intimidarnos y hasta intentaron asesinarme a mí a y a mi hijo que tenía siete años, en 2005, cuando nos limaron los bulones de la rueda delantera del auto y se salió mientras íbamos circulando. Fue el día después de la presentación del libro sobre Fernanda Aguirre, la piba secuestrada y desaparecida en Paraná [Las flores de Fernanda]. Han sido difíciles estos 32 años de enfrentarnos al poder político, al del narcotráfico, a los sectores más conservadores de la Iglesia católica por los casos de abusos [Abusos y pecados]. Pero siempre seguimos adelante. Porque siempre hicimos periodismo profesional y trabajamos de la misma manera.

–¿Qué prioriza la hora de encarar una investigación periodística?

–Lograr la mayor cantidad posible de datos, documentación y testimonios. Priorizar siempre la mayor cantidad de información, sin apurarnos. Todo lleva su tiempo. No es fácil convencer a una víctima de que cuente su historia dolorosa. No es fácil que alguien se arrepienta en las historias de corrupción o de narcotráfico. Saben que pierden mucho, por más que le garanticemos de por vida el secreto de la fuente, cuestión que siempre hemos cumplido. La gente desconfía mucho de todo y no es fácil generar esa credibilidad que precisa esa persona para relatar lo que vio alguna vez, lo que padeció. Por eso siempre hay que ser pacientes; esperar, hablar mirando a los ojos. El cara a cara es clave. No alcanzan los correos electrónicos o las llamadas telefónicas. Hay que estar con esa persona. Demostrarle que puede confiar en nosotros. Es la base del buen periodismo. Y debemos saber que no le podemos errar en nada. Los errores siempre cuestan muy caros. Pueden terminar en una amenaza grave o en una muerte, en venganza. Debemos ser muy responsables en cómo contamos y en qué momento contamos.

–Usted también fue amenazado en varias ocasiones.

– Recibí demasiadas amenazas en mi carrera. Algunas se investigaron y se comprobaron, como sucedió con el exjefe de Policía Ernesto Geuna, al que Jorge Busti lo hizo renunciar por su actitud. Pero he dejado de acudir a la Justicia a denunciar, porque de alguna manera me cansé. Hace diecisiete años que tengo custodia policial domiciliaria. Lo pasé muy mal muchas veces y mis familiares directos también. En especial mis hijos mayores, que tenían que ir con custodia a la escuela y hasta en los recreos. El tema es no aflojar, no claudicar.

–¿Qué opina del caso de la procuradora Cecilia Goyeneche?

–Fue una vendetta contra ella. Un pacto político-judicial para destituirla. La doctora Goyeneche, a quien conozco hace quince años, es una fiscal dura, que no negocia con el poder. Una mujer muy preparada, comprometida, tenaz, que siempre salió primera en los concursos judiciales donde participó y nadie le regaló nada. Y la causa de los contratos truchos legislativos es un agujero negro para todo el poder político. Es la causa más compleja que existe y Sergio Urribarri y sus familiares directos son los más comprometidos en esta historia. A Urribarri le entregaban, de esa caja política, una cifra de varios ceros en dólares por mes. Y otros 4 millones mensuales en contratos para gente que nadie conocía, como consta en el expediente. El mecanismo de los contratos arrancó en 2008, pero se profundizó y aumentó su presupuesto a partir del segundo gobierno de Urribarri. Y el cuñado del exgobernador, Juan Pablo Aguilera, pasó a ser clave en la historia. Lo que sucede es que participó no solo el urribarrismo, sino también todo el oficialismo y parte de la oposición. Por eso había que vengarse de Goyeneche, antes de que empiece el juicio a los 32 primeros imputados, que ahora nadie sabe cuándo será y entre los que hay gente de Urribarri, pero también allegados al gobernador actual, Gustavo Bordet.

–¿De qué trata su próximo libro, Sicarios de la caja?

–Son más de 700 páginas, donde cuento cómo funcionó el negocio de la corrupción en Entre Ríos en los últimos treinta años. Desde el primer gobierno de Jorge Busti hasta la condena a Urribarri y la destitución de Goyeneche. Es un libro fuerte, que dará que hablar.

–Los protagonistas de su libro de 2021, en coautoría con José Amado, Territorio narco, son el exintendente de Paraná Sergio Varisco y el jefe narco Daniel Celis, ambos condenados por la Justicia. ¿Cómo ve el crecimiento aparentemente sin control del narcotráfico en el país?

–El narcotráfico es uno de los temas más preocupantes de nuestro país. Porque crece y crece, y cada vez va ganando más terreno en diferentes provincias. Obviamente, no crecería de esta manera sin el apoyo de alguna clase dirigente que hace negocios con los jefes narcos, con los acuerdos que también hacen algunos representantes de la seguridad y el aval de algunos referentes judiciales. No podría crecer nunca si esas patas no se unieran como lo hacen para que esto avance. En Paraná sigue siendo muy preocupante. Los narcos nunca se terminaron de ir de la Municipalidad. El intendente Adán Bahl hizo algunos avances; colocó a dieciocho comisarios retirados en diferentes dependencias, pero no desterró por completo a los empleados del narco. Siguen estando.

–¿Qué significa para usted la palabra “compromiso” y cómo ve el ejercicio del periodismo en la actualidad en la Argentina?

–Es lo que me enseñaron mis padres y mis grandes maestros. Los de la escuela, los del periodismo, los de la vida. Cada día es un compromiso. No puedo dejar pasar las cosas. No podría mirar a los ojos a mi pequeña hija que cumplirá dos años, ni a mis hijos mayores, ni a mis amigos de toda la vida. Del periodismo me preocupa que muchas veces no se lo ejerza como nos enseñaron los grandes maestros. Hay que defender la verdad, apostar a ella. Ser cada día más serios, más responsables, más profesionales, comprometidos y éticos. Ser buenos periodistas, pero también buenas personas. Saber decir no, marcar los errores y también reconocerlos si nos equivocamos. No somos infalibles. Y también destacar lo que sea necesario. De lo contrario, corremos el riesgo de no ser creíbles. Perder la credibilidad es lo más doloroso para todo periodista.

Fuente: La Nación
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