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Aumenta la ofensiva K sobre Alberto Fernández: Cristina Kirchner puso en duda la legitimidad de su gestión

En una jornada de cruces feroces, el camporista Andrés Larroque acusó al Presidente de hacer “operaciones de desgaste” sobre CFK. “No soy el dueño del Gobierno”, contestó el Presidente. Y la vice dijo: “Se podía ser legítimo y legal de origen y no de gestión”.

«No soy el dueño del Gobierno, nadie es el dueño del Gobierno». Con esa frase, Alberto Fernández respondió este martes al mediodía a una nuevo ataque de Andrés Larroque, que más temprano había cuestionado por enésima vez el liderazgo del Presidente, una embestida que sumó por estas horas su capítulo más feroz de la interna del Frente de Todos, y que incluyó un posteo de Cristina Kirchner con una crítica sutil al Gobierno.

«Yo no soy el dueño del Gobierno, nadie es dueño del Gobierno. El Gobierno es del pueblo y nosotros solo representamos a ese pueblo. Y estoy seguro de que ese pueblo quiere que trabajemos juntos y cumplamos con las palabras empeñadas», remarcó el Presidente desde La Pampa, adonde viajó con buena parte del gabinete en el marco del plan «capitales alternas».

Es la primera vez que Fernández se hace eco de manera tan directa a los insistentes embates desde el kirchnerismo, que tuvo otra vez en Larroque a su principal vocero.

“Sin ningún tipo de dudas, el que fuerza la ruptura permanentemente con operaciones de desgaste sobre la figura de Cristina Kirchner y sobre el sector que ella representa es Alberto», dijo primero el secretario general de La Cámpora en declaraciones radiales. Y remató: «Si el Gobierno es nuestro… Nosotros constituimos esta fuerza política, lo convocamos a Alberto y ganamos las elecciones, la intención de voto mayoritaria es a Cristina, nosotros respetamos, pero Alberto no se va a llevar el Gobierno a la mesita de luz, acá hay un frente».

Había sido primero Aníbal Fernández, decididamente embanderado junto al jefe de Estado y enemistado con el núcleo duro del kirchnerismo, el que bien temprano salió en defensa de Fernández: «Los ataques son al Presidente, no al ministro de Economía», tiró en alusión al constante rechazo público de La Cámpora a Martín Guzmán, cuya permanencia a esta altura es un verdadero dolor de cabeza que el mandatario no sabe cómo resolver.

Pero antes de que Fernández decidiera responder los dichos de «El Cuervo» fue la ex presidenta la que aprovechó un encuentro con la periodista Pilar del Río, viuda del escritor José Saramago, para lanzar una sugestiva frase al corazón de la Casa Rosada.

«¿Cómo íbamos a hacer para gobernar el país después de la crisis de 2001 con apenas el 22% de los votos? Mi respuesta fue única y categórica: nos íbamos a legitimar gobernando… porque se podía ser legítimo y legal de origen y no de gestión», apuntó la vicepresidenta por una charla que tuvo con Del Río en torno al magro triunfo de Néstor Kirchner del 2003, después de que Carlos Menem desistiera de competir en la segunda vuelta.

En el oficialismo esperan con una creciente inquietud el discurso que este viernes tiene planeado dar Cristina Kirchner en Chaco, junto a Jorge Capitanich, en la entrega del Doctorado Honoris Causa por parte de las autoridades de la Universidad Nacional del Chaco Austral.

Fernández y la ex presidenta cumplirán este miércoles dos meses y tres días desde la última vez que se vieron, el martes 1° de marzo, tras el discurso presidencial de apertura de las sesiones ordinarias.

Desde esa tarde, no volvieron a hablar. El jefe de Estado intentó comunicarse con ella diez días más tarde, después de que militantes que protestaban frente al Congreso por el acuerdo con el Fondo Monetario atacaran a pedradas el despacho de la vice en el Senado. Ni ella ni su secretario, Mariano Cabral, le atendieron el teléfono. Fernández nunca más llamó.

Las declaraciones de Larroque, que reporta directamente a Cristina y Máximo Kirchner, cayeron pésimo en Casa Rosada.

«La idea de que ellos son ‘dueños del Gobierno’ es repulsiva. Por eso la decisión de responder quirúrgicamente no a todas las declaraciones, si no a una frase que nos pareció un montón», explicaron a Clarín desde el entorno presidencial entrada la tarde de este martes mientras el Presidente todavía seguía en La Pampa -se mostró junto a Eduardo «Wado» de Pedro, que practica un llamativo equilibrio en la interna oficial.

Según confiaron desde el albertismo, el mandatario está decidido a seguir con su estrategia actual de soportar hasta dónde pueda el bombardeo incesante del kirchnerismo, que quiere torcer el rumbo de la gestión, y corregir la política económica, a través de un desgaste cotidiano de la figura de Guzmán.

En la Casa Rosada se preguntan «hasta cuándo». Dicen que Fernández está cansado del maltrato, y que la reprobación pública del núcleo duro K lo afecta emocionalmente. «Nuestras preocupaciones son otras», se desligan en Casa de Gobierno.

Lo cierto es que el vínculo entre el albertismo y el kirchnerismo atraviesa su peor momento. Hace dos semanas parecía que desde la cúpula de la coalición se había lanzado una especie de tregua después de la presentación del bono para los sectores más vulnerables por parte de Fernández y de Guzmán -un reclamo público de La Cámpora-, de que el jefe de Estado se mostrara en Vaca Muerta con los funcionarios del área energética que responden a Cristina Kirchner y de la decisión presidencial de no tocar a ninguno de los ministros y secretarios de Estado K luego de que el propio mandatario amagara con avanzar en ese sentido.

La tregua debía materializarse con la puesta en escena de hace dos lunes en Florencio Varela, un acto encabezado por Larroque y Axel Kicillof que contó con la presencia de Juan Zabaleta y de Victoria Tolosa Paz, ambos del riñón del Presidente, y la vuelta del jefe de La Cámpora a un escenario con dirigentes que frecuentan Olivos. El albertismo se comió el amague: fue el principio de la embestida final del kirchnerismo que reclama a gritos un golpe de timón mientras se refugia en la provincia de Buenos Aires.

La escalada de este martes incluyó además a Fernando «El Chino» Navarro, otro de los que salió a contestarle públicamente a La Cámpora. Navarro encabezó el domingo la multitudinaria marcha del 1° de mayo interpretada como un apoyo a Fernández: el Movimiento Evita que lidera el funcionario junto a Emilio Pérsico mantiene una dura disputa con la agrupación fundada por Máximo Kirchner.

El que sumó este martes de nuevo en defensa de la Casa Rosada fue Luis D’Elía. En el Gobierno explican que el piquetero está agradecido porque Fernández fue uno de los pocos que lo contuvo mientras estuvo preso.

La interna en el oficialismo también tiene su capítulo carcelario. A través de la «cuenta administrada por su familia», Ricardo Jaime escribió en Twitter: «Escuchando las críticas a CFK y a Máximo de algunos compañeros que pasaron por Ezeiza me hace pensar que la libertad les cambia lo que decían y pensaban».

DS Clarin

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