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CFK, un liderazgo en retroceso que complica al justicialismo

Se multiplican los desafíos a las decisiones de CFK desde el Ejecutivo, el Congreso y la Justicia. Es un fenómeno en plena expansión que complica política y electoralmente al PJ.

Un partido o coalición sin liderazgo es una herramienta inservible para conseguir o retener el poder. Esto resulta particularmente cierto en los sistemas políticos de baja institucionalidad como el local. Y ese es precisamente el problema que enfrenta el peronismo ante el desgaste cada vez más visible de la figura que lo llevó a la victoria en las presidenciales de 2019, Cristina Kirchner.

Hoy el gobierno anda a la deriva aferrado a un “operativo aguantar” que capitanea Sergio Massa para llegar al traspaso del mando (si hay suerte), mientras que el PJ carece de un candidato con una mínima chance de ganar el año próximo.

El termómetro más fiel del deterioro del liderazgo de la vicepresidenta es la creciente resistencia o el rechazo liso y llano de sus decisiones tanto por parte de otros poderes del Estado como del propio oficialismo. Los ejemplos se multiplicaron durante la semana que pasó.

Uno. El lunes cuatro diputados peronistas riojanos retiró el proyecto que había presentado para eliminar las PASO. Consideraron que no podía avanzar por falta de votos, dándole la razón a Alberto Fernández que se había enfrentado con la vice, a Sergio Massa y a la Cámpora por ese motivo.

Fue la primera pulseada ganada por el presidente. Después, para hacer más ostensible que le había torcido el brazo a sus detractores internos prorrogó las ordinarias. El mensaje fue claro: no soy yo el que les impide sacar el proyecto antes de fin de año. La oposición siguió con regocijo el intercambio de proyectiles en una cuestión clave.

Dos. El martes se conoció el fallo de la Corte Suprema que rechazó la maniobra de la presidenta del Senado para nombra en el Consejo de la Magistratura a un incondicional, el rionegrino Martín Doñate, en lugar del opositor Luis Juez. Se esperaba que Cristina Kirchner incumpliese el fallo, pero eso no ocurrió. Se limitó a retirar a Doñate del Consejo, aunque prometió volver a enviarlo esta semana. Con esta decisión quedó a la vista que el fallo del alto tribunal tenía poco valor práctico porque el viernes hay que renovar todo el consejo. Los jueces simplemente repudiaron la discrecionalidad en el uso de poder.

Un conflicto entre el Senado y la Corte hubiese significado un problema institucional añadido al tenso escenario de crisis económica y política que bordea el desastre social. Se hubiese sumado a la inflación, la pobreza, los piquetes y los paros salvajes de transporte que empezaron a menudear en los últimos días, pero pudo ser evitado porque ambas partes se enfrentaron en una suerte de terreno simbólico.

¿Cómo ocurrió eso? Porque la Corte dejó una puerta abierta al kirchnerismo a pesar de fallar en su contra. En su pronunciamiento el tribunal razona que cuando mandó agregar un miembro del Senado al Consejo, en diciembre de 2021, el FdT era un solo bloque. Es decir, que la división se produjo después de la orden del tribunal. Allí residen el ardid y la mala fe. Pero si ahora Cristina Kirchner vuelve a mandar al senador rionegrino, la situación no será igual, porque el bloque se partió antes de la nueva designación. Ahora el peronismo del Senado tendría dos bloques formalmente válidos, aunque la división continúe siendo burda y políticamente ficticia. Sutilezas tribunalicias.

En otras palabras, la de la Corte fue una respuesta política a una jugarreta política de la vicepresidenta. El mensaje en este caso fue: no nos tomen por estúpidos con maniobras tan rudimentarias. Le pusieron límites a la discrecionalidad de la real líder del gobierno algo impensable sólo un año atrás.

Tres. También debe ser incluida en esta lista de desafíos la decisión del fiscal que rechazó su sobreseimiento en la causa Hotesur o, cuatro, la decisión de los diputados del bloque del Frente de Todos respecto de la ley de humedales que impidió a la Cámpora tener dictamen de mayoría sobre la controvertida iniciativa.

El dictamen de mayoría, mucho menos restrictivo en materia productiva, fue el de Juntos por el Cambio. Tuvo diez firmas más que el oficialista, porque muchos legisladores del Frente de Todos que responden a sus gobernadores se negaron a apoyar el proyecto de la “Cámpora” y el Movimiento Evita.

Cinco. Otro desafío fue el de la ministra de Trabajo Kelly Olmos que junto con la CGT de los “gordos”, rechazó un aumento de suma fija propuesta por la vice, la Cámpora y sindicalistas afines como Pablo Moyano o el bancario Palazzo.

En síntesis, más se encapsula Cristina Kirchner en su círculo de incondicionales, más resistencias generan sus propuestas y más dudas crecen entre los gobernadores sobre el futuro electoral. Lo único que temen con razón es que si no aparece pronto un liderazgo de reemplazo que evite las divisiones y tome decisiones realistas, nadie se salvará del desastre.

La Razón
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