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El orfebre Juan Carlos Pallarols lanzó la gira nacional del bastón del próximo presidente

La tradición, iniciada en diciembre de 1983, se repite cada cuatro años antes de las elecciones, con el propósito de que todos los que lo deseen puedan aplicar los primeros golpes de cincelado a la obra más reconocida del artista.

Desde el advenimiento de la democracia, tuve la oportunidad de proponer un diseño argentino para nuestro Bastón de Mando Presidencial, como alternativa al que desde los primeros tiempos políticos, empuñaba cada uno de nuestros presidentes. Es un símbolo, pero su sentido es el que nos merecemos los argentinos:

La plata, como metal noble, dúctil y de nuestro suelo, emparentada desde su origen con nuestro nombre “Argentum”.

El cardo, una flor bien federal, que aunque no sea nuestra flor nacional, es la que crece y florece al costado de los miles de kilómetros argentinos y representa a todas las provincias.

El urunday, madera incorruptible, que no necesita pulidos porque brilla por si sola, además de ser la que viste los cuadros de los campos argentinos.
Todo eso vi en la figura de un presidente, mucho más que poder o mando.

Quiero invitarlos a ser nuevamente parte de este sueño colectivo que nos unió en 1983 y sigue vivo.
Dondequiera que se encuentren, estos son los colores que llevarán por siempre en el corazón. Esta es la tierra que los cobija y si se han ido, la que los espera con los brazos abiertos, o a la que tal vez vuelvan sus hijos o sus nietos.

Los invito a soñar con una Argentina grande y a ser parte de ella. Dejen su fuerza y energía para que Argentina siga en pie, dice Juan Carlos Pallarols.

La tradición del cincelado hecho por múltiples manos de todo el país arrancó en 1983, cuando unas 5 mil personas dejaron su impronta en el bastón que luego pasaría a manos de Raúl Alfonsín. “Casi cuatro décadas después, para dar forma al bastón de Alberto Fernández se sumaron más de 3 millones de personas”, aporta Pallarols.

Esta vez, el maestro de la platería planea ampliar los alcances de su invitación abierta y sugerir a todos los candidatos presidenciales que se perfilen para el próximo proceso electoral que también aporten sus golpes de cincel.

Hasta 1983, la pieza era confeccionada con caña de Malaca, detalles de oro macizo y borlas, un diseño que -a decir de Pallarols- “no tiene nada que ver con nuestra cultura ni nuestros símbolos. Es de estilo europeo”. Por esa razón, el maestro se inclinó por la madera de urunday (“gracias a su resina brilla por sí sóla, se mantiene siempre recta, firme y no se corrompe”, explica con un dejo de ironía), plata e incrustaciones de cardo, el único elemento que representa a las 23 provincias y la ciudad de Buenos Aires.

Parte de las herramientas del taller de Juan Carlos Pallarols, en San Telo. Foto: Juano Tesone.
Parte de las herramientas del taller de Juan Carlos Pallarols, en San Telo. Foto: Juano Tesone.

La voz de Pallarols se escucha entrecortada por el sonido intermitente de los golpes de martillo y cincel que aplican sus cuatro colaboradores en el atelier. Sobre la mesa de trabajo, la empuñadura de plata de la próxima versión del bastón de mando brilla junto a los bastones que lucieron Marcelo T. de Alvear e Hipólito Yrigoyen, ya preparada para recorrer el país y recibir una larga secuencia de golpes.

El ojo atento de Pallarols repasa cada rincón de su taller, donde decenas de martillos, pinzas, cinceles y yunques se mantienen perfectamente ordenados. Al fondo, sumido en una atmósfera de riguroso silencio, Manuel Chapuis, técnico orfebre de 34 años recibido en Escuelas Raggio, aplica su mano diestra para tallar y cortar el metal con el buril. “Pallarols me tuvo paciencia durante dos años, hasta que pude entrar en el ritmo del taller”, admite -sin desatender su trabajo- uno de los discípulos más promisorios del artista.

María Kodama, en el taller del orfebre platero Juan Carlos Pallarols. Foto: Juano Tesone.
María Kodama, en el taller del orfebre platero Juan Carlos Pallarols. Foto: Juano Tesone.

Los cuatro asistentes aportan su talento para acompañar a Pallarols a modelar la réplica de un bastón histórico, una pieza de colección que lleva oro y plata soldado y repujado con 14 bolitas de oro, que representan las provincias que integraban la Confederación Argentina a mediados del siglo XIX.

“Me eligieron a mí en tiempos de Alfonsín por razones económicas. Ese primer bastón lo cobré un peso y antes lo cobraban una fortuna. Confeccionar cada Bastón de Mando Presidencial me lleva un año, pero, si quisiera, podría hacerlo en diez o quince días”, revela Pallarols, sexta generación de una familia de plateros surgida en Cataluña, cuyos antecedentes más lejanos se remontan a 1750. El legado ya tiene sucesores en dos hijos y los nietos de Pallarols.

Juan Carlos Pallarols en plena tarea, en su taller de San Telmo. Foto: Juano Tesone
Juan Carlos Pallarols en plena tarea, en su taller de San Telmo. Foto: Juano Tesone

A punto de cumplir 80 años, el autor de múltiples regalos encargados por mandatarios, cálices papales y la escultura Rosa de la Paz con restos de bronce de balas disparadas en la Guerra de Malvinas atesora en la memoria el sabio consejo que escuchó de boca de su abuelo, su principal figura inspiradora, en el antiguo taller de Lomas de Zamora: “todo lo que hagas tiene que ser con pasión y amor. De lo contrario no sirve”.

“Estoy en el taller desde las 7 de la mañana porque tengo ganas. No lo considero un lugar de trabajo sino de creación e inspiración, un lugar para compartir con visitas”, deja en claro este hombre de espíritu incansable, que se propone erigir una escultura de Jesucristo de 45 metros de altura a orillas del río Paraná, en Entre Ríos.

El técnico orfebre Manuel Chapuis, uno de los discípulos de Juan Carlos Pallarols, en el taller de San Telmo. Foto: Juano Tesone
El técnico orfebre Manuel Chapuis, uno de los discípulos de Juan Carlos Pallarols, en el taller de San Telmo. Foto: Juano Tesone

El estrecho vínculo de Pallarols con el interior del país, sus lugares y su gente registra un momento especial, cuando decidió viajar a territorio qom -donde florece el urunday-, en Chaco, para asistir a una ceremonia necesaria para “pedir permiso al bosque para utilizar uno de sus árboles” y otra “con el propósito de solicitar autorización al árbol para extraer su madera”.

Pallarols regresó a Buenos Aires sin más remordimientos, otra vez listo para poner manos a la obra en un nuevo Bastón de Mando, un ambicioso proyecto familiar fusionado con un sueño colectivo.

Juan Carlos Pallarols confecciona el Bastón de Mando Presidencial desde la asunción de Raúl Alfonsín, en diciembre de 1983. Foto: Juano Tesone
Juan Carlos Pallarols confecciona el Bastón de Mando Presidencial desde la asunción de Raúl Alfonsín, en diciembre de 1983. Foto: Juano Tesone
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