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Martín Guzmán, con el Fondo entre ceja y ceja

El escenario financiero, no tanto el económico por ahora, no es el mejor. Los dólares bursátiles, útiles para salir de los pesos para grandes montos de dinero, no bajan de los $215/$217 por unidad, el precio de los bonos no tiene piso y por eso el riesgo país no encuentra techo (supera los 1.800 puntos) y las empresas argentina que cotizan en la Bolsa local y con ADR’s en Wall Street, están cada día más baratas. Las reservas, en tanto, no reflejan los casi US$14.000 millones de superávit comercial acumulada hasta octubre y el Banco Central no sabe cómo seguir apretando el cepo para mantener las divisas en casa.

Los precios no se estabilizan y todo el mundo está pendiente (algunos trabajos econométricos meten miedo) sobre el impacto del aumento de tarifas que se potencia con la baja de subsidios. No en vano la gente teme por el reempadronamiento de Edesur y Edenor, que sería seguido por otras empresas de servicios.

En este contexto, Martín Guzmán, el heterodoxo ministro de Economía de Alberto Fernández, sorprende a todos con un comportamiento fiscal que envidiarían los llamados ortodoxos. Este 2021 conseguirá (¿será cierto lo del acuerdo confidencial con el staff del FMI) un déficit fiscal por debajo del previsto. Tanto es así que a pesar de descontar el aporte gratuito por US$4.350 millones en DEG’s que recibió, el rojo fiscal sería de «apenas» 3,1% del PBI, 1,4% por debajo de lo que señaló el Presupuesto 2021. El «esfuerzo fiscal» excedente que le recriminó Cristina Kirchner en la famosa carta post Paso que terminó, de manera insólita, con un Ministro que sigue en la suya a pesar de la presión de la Primera Minoría del FdT. Hay que reconocerlo.

Lo curioso es que en las Jornadas Monetarias del BCRA propuso un déficit del 4% para este año y del 3,3% en 2022. Y se puso, como tantos otros funcionarios públicos en el rol de comentarista de la realidad (ya hubo uno que desde la pantalla resolvía todo): «hay que reducir el déficit de manera virtuosa, atacar la evasión de quiénes deberían ser los grandes contribuyenes es algo progresivo». Es llamativo que lo diga ya que le bastaría con cruzar la calle Balcarce para llegar al despacho de Mercedes Marcó del Pont, titular de la AFIP, para pedir medidas contra la evasión. Claro que, como se sabe, para el zorro siempre es más fácil cazar en el gallinero, lo que explica la desmesurada presión impositiva que cargan quienes están en situación regular ante Impositiva.

Más allá de estos detalles, algunos malpensados pudieron pensar sólo en una guadaña en el gasto. Y dijeron: el bajo déficit se obtuvo por una poda mayúscula en el gasto previsional (o sea, recorte en jubilaciones), una caída en el salario real de los empleados públicos (desconocida para los gremios que los representan) y una novedosa ignorancia sobre los gastos COVID, muchos de los cuales directamente quedaron fuera de la mirada ministerial. Otros se quejaron: el buen resultado, visto las circunstancias, se consiguió por la ayuda extraordinario del impuesto a la riqueza, cuyos fondos no estarán disponibles el año próximo y por precios excepcionales de los commodities que podrían bajar en 2022. ¿No habrá impuesto «bis» o retoque de retenciones? Las palabras de Guzmán podrían indicar algún guiño por «otro esfuerzo» para mostrar al Fondo. Se verá en el próximo presupuesto plurianual. ¿Se verá?

Guzmán no olvidó señalar que los datos «virtuosos» de la economía, que los hay, se ven empañados por la herencia de la deuda con el Fondo Monetario que contrajo Mauricio Macri. Hay que reconocer que tiene una parte importante de razón. Sin embargo, con sumar y restar un poco se puede notar que entre noviembre de 2019 y el mismo mes de 2021, la deuda pública creció US$35.000 millones y si se suma el rojo cuasifiscal generado por el BCRA, llega a unos US$75.000 millones.

Es todo este escenario el que genera sospechas entre inversores y analistas. La insolvencia argentina no sólo es crónica, sino que enfrentará desafíos inéditos a partir de 2024, cuando comience a vencer la deuda privada reestructurada. Sin embargo, Guzmán sigue buscando, ahora con un apoyo más explícito del Presidente, un acuerdo con el FMI que permita un respiro lo más profundo y extendido posible. Y luego, quizás, volver a la Academia.

Para que no queden dudas de la voluntad acuerdista (con el FMI) del gobierno, otro ministro, Clauio Moroni, titular de Trabajo dijo que de mantenerse el actual ritmo de recuperación de la economía, a fin de año podría cesar la prohibición de despidos y la doble indemnización.

Un buen pedido para el arbolito sería que el 2022 no llegue nunca.

Oscar Martinez /Clarín

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