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Impresionante recital de Metallica en vivo, con Hetfield tomando mate y Trujillo arengando cantitos de hinchada

Después de varias postergaciones por la pandemia, finalmente se realizó el esperado concierto. Hubo lleno total, con 60 mil personas.

El ritual de lo habitual empezó apenas pasadas las 21:15 horas del sábado. Allí, en el Campo Argentino de Polo, ante 60 mil personas, la intro de The Ecstasy of Gold de Ennio Morricone dio paso nada más y nada menos que a Whiplash. Así, con ese latigazo, Metallica arrancó su show modelo 2022.

Con el mítico debut en Velez Sarsfield en 1993 como Everest, algunos dirán que el River de 2010 fue el segundo mejor concierto argentino del cuarteto. Otros afortunados hablarán del recital en el Orfeo cordobés en esa misma gira, y no faltará quien señale al Estadio Único de La Plata en 2014. Pero todos coincidirán que la del sábado está, al menos, en un Top 3 de las mejores presentaciones de Metallica en nuestro país.

La vista del escenario de Metallica en el Campo Argentino de Polo. Foto Emmanuel FernándezLa vista del escenario de Metallica en el Campo Argentino de Polo. Foto Emmanuel Fernández

¿Y por qué tamaña afirmación? Primero en principal por el repertorio. Si bien el grupo de James Hetfield, Kirk Hammett, Lars Ulrich y Robert Trujillo desde hace añares despegó de su etiqueta original y exclusiva de thrash metal para que le quepa también la de rock and roll, la lista de canciones que interpretan en este tour son en su gran mayoría up tempo.

Entonces, temas como Nothing Else Matters o The Unforgiven (grandes baladas poderosas a las que algunos fundamentalistas aún señalan como símbolo de una decadencia que tuvo al disco St. Anger como apoteosis de lo malo en la banda) tienen su respuesta en la velocidad pesada de Ride the Lightning o Fuel.

Un balance de ritmos que, dada la dinámica del espectáculo, deja a todos contentos y con ganas de que el evento dure bastante más que las dos horas de rigor.

Un sonido único

Las pantallas gigantes de Metallica en el Campo Argentino de Polo. Foto Emmanuel FernándezLas pantallas gigantes de Metallica en el Campo Argentino de Polo. Foto Emmanuel Fernández

Otro hecho es que el grupo, hoy, suena más a punto caramelo que nunca. Trujillo dejó hace rato de ser “el nuevo” o “el reemplazante de Jason Newsted”, y su interacción con Ulrich es brillante en una música que necesita de una precisión de relojería suiza en la base rítmica.

El batero, más allá de todo lo mal que les pueda caer a algunos por su arrogancia, continúa moviéndose con una vitalidad descomunal y se asume como la columna vertebral del combo.

Las guitarras de Hetfield y Hammett no sólo apoyan desde lo rítmico con ese sonido entrecortado y marcial tan característico de ambos sino que se complementan y James permite que Kirk (inspiradísimo en la fría noche palermitana) se luzca con ese look de surfer casi sesentón despreocupado y esa forma de tocar que parece todo el tiempo meter notas de más y saturar que, con una escucha atenta, termina por ser todo lo contrario.

El poderío de la guitarra en Metallica, comprobado en el Campo Argentino de Polo. Foto Emmanuel FernándezEl poderío de la guitarra en Metallica, comprobado en el Campo Argentino de Polo. Foto Emmanuel Fernández

Y la voz de Hetfield suena limpia y cristalina, y a él se lo puede ver relajado y feliz. Si bien aún en los instantes de mayores vicios personales su entrega al momento de presentarse en directo nunca decayó, en estos momentos, limpio de toda dependencia tóxica según él mismo afirma, su figura imponente parece tener más resto físico que antaño.

Momentos culminantes

Fueron varios los momentos culminantes del show, pero todos los asistentes pueden coincidir que cuando, tras las voces inimitables de la grabación de rigor, Hammett arrancó con la intro de One. Esa interacción entre las notas arpegiadas y tristes de su guitarra y las imágenes entre sombras de esos soldados que iban a la guerra le erizaron la piel hasta al ser humano más duro y curtido.

One funciona como un manifiesto anti bélico en forma de canción, y es una muy buena continuación de Machine Gun de Jimi Hendrix. Asimismo, se muestra como uno de los pocos diálogos de la música de Metallica con un antecedente afroamericano. El juego de lásers y las explosiones funcionaron un complemento audiovisual perfecto, y realzaron una canción ídem.

Mate y cantitos de hinchada

Hetfield y su mención a la relación entre Metallica y la Argentina como una familia, y con un mate para calentar la gola entre canción y canción, hábito que adquirió por cortesía de su esposa rosarina Francesca Tomasi.

El fondo del clásico logo del grupo con la bandera argentina en las pantallas al sonar Spit Out the Bone. Y Trujillo entonando el “Vamos vamos Argentina, vamos vamos a ganar, que esta barra quilombera…”.

Metallica en el Campo Argentino de Polo. Foto Emmanuel FernándezMetallica en el Campo Argentino de Polo. Foto Emmanuel Fernández

La vieja discusión entre demagogia versus sentimiento auténtico hacia el país tiene en Metallica otro caso para ser analizado. No hay que olvidar la culpa que sintió el grupo tras suspender sus shows en 2003.

También que, sin los Ramones y con los Rolling Stones en un proceso de retirada inevitable, va a quedar un lugar vacante en cuanto a una banda de ese nivel adoptada como local por un target múltiple.

Y si se piensa en la cantidad de gente de todo tipo que asistió al concierto en Palermo, y en la cantidad de personas que se ven por la calle con remeras de Metallica que desconocen por completo una canción como Seek and Destroy, ese lugar vacante puede ser ocupado por el combo.

Ellos lo saben, y lo ponen para que todos lo escuchen antes de sus show en la voz original de AC/DC: es largo el camino a la cima si querés rock and roll.

MFB Clarín

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