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IV Encuentro Mundial de Movimientos Sociales: «Soñemos juntos para evitar el abismo» pidió el papa Francisco

Reclamó «un salario universal y la reducción de la jornada laboral» y pidió a las grandes factores de poder «terminar con los abusos, el populismo y las deudas asfixiantes». Exigió vacunas liberadas, minería que no destruya el planeta y agradeció a los trabajadores sociales «por permitirme ser parte de sus luchas». Bolivia, el caso Floyd y el «samaritano colectivo». El rol de la tecnología y los medios. Video

En uno de los discursos más vibrantes de su papado, en el marco del IV Encuentro Mundial de Movimientos Sociales, Francisco llamó este sábado a los hombres de todo el mundo a «soñar juntos para evitar el abismo al que vamos», destacó el rol central de los movimientos sociales y les agradeció por «por dejarme ser parte de sus luchas», instándolos a «no dejar corromper y seguir trabajando, porque todo se ve más claro desde la periferia, y quienes han sufrido los abusos de poder, la xenofobia, todas las formas de discriminación, en mi experiencia son quienes ven mejor a la realidad».

Luego de llamar a luchar contra la «hiperconectividad y el estrés que provoca», el Papa reclamó que «nada puede reemplazar el contacto humano», exigiendo que «la solidaridad sea consoderada como un principio no solo social, sino moral». Así llamó a la política global a «reconocer el rol de los movimientos populares en todos sus órdenes», solicitó que la lucha contra el hambre y la pobreza «guíe todas las acciones, porque no podemos permitir que el hambre cause tantas muertes y no genere empatía, no sea noticia».

«Necesitamos soñar para no volver atrás, para evitar el abismo al que vamos, es tiempo de actuar», señaló el Papa. «Cuando me preguntan en concreto que debemos hacer, yo no tengo la respuesta, por eso llamo a soñar juntos para ver que hacemos».

El pontífice pidió además «por un salario mínimo,  universal, y la reducción de la jornada de trabajo», señalando que «ese salario universal mínimo debe ser analizado como una forma de equilibrar todo lo que tienen los más ricos cnn los que no tienen nada», aunque reclamó que en esa búsqueda «se cuide que esto no se convierta en una carga insoportable para la clase media». 

Sobre la reducción de la jornada laboral, insistió en que «eso es posible, cuando se trabajaban 16 horas por día y se bajó a 8, el mundo no colapsó, y ahora no podemos tener tanta gente agobiada por la cantidad de horas con tantas otras personas que quieren trabajar y no pueden hacerlo».

Para salir mejor parados, es «imprescindible también ajustar nuestros modelos socio-económicos para que tengan rostro humano, porque tantos modelos lo han perdido». Modelos que se convirtieron en «estructuras de pecado» que persisten y que estamos llamados a cambiar.

El llamamiento del Papa a los poderosos de la tierra
El papa Francisco enunció a continuación nueve enérgicos llamamientos «en nombre de Dios» a quienes cuentan y tienen poder de decisión:

  1. A los grandes laboratorios, que liberen las patentes. Tengan un gesto de humanidad y permitan que cada país, cada pueblo, cada ser humano tenga acceso a las vacunas.
  2. A los grupos financieros y organismos internacionales de crédito que permitan a los países pobres garantizar las necesidades básicas de su gente y condonen esas deudas tantas veces contraídas contra los intereses de esos mismos pueblos.
  3. A las grandes corporaciones extractivas —mineras, petroleras—, forestales, inmobiliarias, agro negocios, que dejen de destruir los bosques, humedales y montañas, dejen de contaminar los ríos y los mares, dejen de intoxicar los pueblos y los alimentos.
  4. A las grandes corporaciones alimentarias que dejen de imponer estructuras monopólicas de producción y distribución que inflan los precios y terminan quedándose con el pan del hambriento.
  5. A los fabricantes y traficantes de armas que cesen totalmente su actividad, una actividad que fomenta la violencia y la guerra, y muchas veces en el marco de juegos geopolíticos que cuestan millones de vidas y de desplazamientos.
  6. A los gigantes de la tecnología que dejen de explotar la fragilidad humana, las vulnerabilidades de las personas, para obtener ganancias, sin considerar cómo aumentan los discursos de odio, el grooming, las fake news, las teorías conspirativas, la manipulación política.
  7. A los gigantes de las telecomunicaciones que liberen el acceso a los contenidos educativos y el intercambio con los maestros por internet para que los niños pobres también puedan educarse en contextos de cuarentena.
  8. A los medios de comunicación que terminen con la lógica de la post-verdad, la desinformación, la difamación, la calumnia y esa fascinación enfermiza por el escándalo y lo sucio, que busquen contribuir a la fraternidad humana y a la empatía con los más vulnerados.
  9. A los países poderosos que cesen las agresiones, bloqueos, sanciones unilaterales contra cualquier país en cualquier lugar de la tierra. No al neocolonialismo. Los conflictos deben resolverse en instancias multilaterales como las Naciones Unidas.

Apelación a los líderes políticos y religiosos
A los gobiernos y políticos de todos los partidos, Francisco les pide que eviten «escuchar solamente a las elites económicas» y se conviertan en «servidores de los pueblos que claman por tierra, techo, trabajo y una vida buena», mientras que a los líderes religiosos les pide que nunca utilicen el nombre de Dios para fomentar guerras o golpes de Estado. En cambio, hay que construir puentes de amor.

Francisco propone algunos principios tradicionales de la Doctrina Social de la Iglesia, como la opción preferencial por los pobres, el destino universal de los bienes, la solidaridad, la subsidiariedad, la participación, el bien común y dijo que se entristece cuando «algunos hermanos de la Iglesia se incomodan si recordamos estas orientaciones que pertenecen a toda la tradición de la Iglesia”, e invitó a leer el Compendio de la Doctrina social de la Iglesia querido por San Juan Pablo II.

Salario mínimo y reducción de la jornada laboral
Francisco señaló en particular dos principios: la solidaridad, entendida como «una determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común», y la subsidiariedad, que se opone a » cualquier esquema autoritario, cualquier colectivismo forzado o cualquier esquema estado céntrico».

De hecho, subrayó, el bien común «para aplastar la iniciativa privada, la identidad local o los proyectos comunitarios».

Es «tiempo de actuar» y el Papa propone algunas medidas concretas: un ingreso básico (o salario universal) y la reducción de la jornada de trabajo. De este modo, cada persona podría permitirse el acceso «a los más elementales bienes de la vida».

Por último, Francisco recordó la importancia de escuchar a las periferias, el lugar desde donde «el mundo se ve más claro».

“En mi experiencia, concluyó, cuando las personas, hombres y mujeres que han sufrido en carne propia la injusticia, la desigualdad, el abuso de poder, las privaciones, la xenofobia, en mi experiencia veo que comprenden mucho mejor lo que viven los demás y son capaces de ayudarlos a abrir, realísticamente, caminos de esperanza”.+

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