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Juan Manzur toma distancia de la gestión y sigue atrapado en versiones de cambios

Promediaba la Copa América, a mediados del año pasado, cuando un amigo le sugirió a Alberto Fernández en Olivos que pusiera a Santiago Cafiero como cabeza en la lista de diputados nacionales de la Provincia, un consejo que también habían realizado desde La Cámpora. El Presidente lo cortó en seco: «No, Santiago es mi alter ego», le respondió mientras miraban al seleccionado de fútbol en Brasil y sin saber que un par de meses más tarde iba a terminar corriendo al funcionario para que Juan Manzur entrara al gabinete por recomendación de Cristina Kirchner.

Para Fernández, lo único que cambió fue el organigrama: el canciller sigue al tope de su lista de los funcionarios de mayor confianza, y el tucumano, un jefe de Gabinete con poca influencia en una gestión cada vez más deslucida, abocado de lleno al armado político y rodeado por versiones insistentemente sugestivas.

«Juan es de los que cree que si te convoca el peronismo, tenés que estar. A pesar de todo, no está dispuesto a borrarse», asegura un dirigente de Tucumán que se sienta a hablar con Manzur cada tanto y que desalienta las versiones que dan al funcionario afuera del Gobierno, con un pie en la provincia y con Sergio Massa al acecho.

Para Fernández, lo único que cambió fue el organigrama: el canciller sigue al tope de su lista de los funcionarios de mayor confianza, y el tucumano, un jefe de Gabinete con poca influencia en una gestión cada vez más deslucida, abocado de lleno al armado político y rodeado por versiones insistentemente sugestivas.

«Juan es de los que cree que si te convoca el peronismo, tenés que estar. A pesar de todo, no está dispuesto a borrarse», asegura un dirigente de Tucumán que se sienta a hablar con Manzur cada tanto y que desalienta las versiones que dan al funcionario afuera del Gobierno, con un pie en la provincia y con Sergio Massa al acecho.

Lo cierto es que cuando juró como jefe de ministros, en septiembre del año pasado y en medio de un tembladeral político interno, el tucumano asumió con una agenda hiperactiva: llegaba al alba a Casa Rosada, instaló que instrumentaría un «tablero de control» para supervisar la gestión de los ministros y se regodeó con los trascendidos que lo posicionaban como potencial presidenciable, bajo el lema «Juan 23».

El proyecto se enterró -al menos por ahora- a la par de la crisis que tiene en vilo al Gobierno, al programa económico en emergencia, a Cristina Kirchner en alerta, activa y aterrada, y al Presidente contra las cuerdas.

Yo no me voy del Gobierno, ni en pedo», dicen que mascullaba el jefe de Gabinete entre el sábado y el domingo una vez que Martín Guzmán renunció intempestivamente y en sectores del Gobierno dejaron correr la posibilidad de que Massa se hiciera cargo de la gestión en reemplazo del ex gobernador tucumano. Esas versiones todavía siguen vigentes. Rumores malintencionados le achacan algunas de ellas al propio tucumano.

Manzur recién llegó a Olivos entrada la tarde del domingo 3, 24 horas después de que el ex ministro presentara la renuncia vía Twitter y con casi todo el elenco fijo de Olivos que rodea al Presidente desde hacía rato. También el líder del Frente Renovador.

El ministro coordinador no pertenece al círculo más cercano del jefe de Estado, que nunca quiso empoderarlo. Se transformó, en ese sentido, en la antítesis de Cafiero, concentrado de lleno en la política, con escasa injerencia en la gestión y sin influencia en las decisiones presidenciales.

Hay un dato que corrobora, en parte, la parálisis de la gestión. Según confiaron a este diario fuentes oficiales, en los últimos tiempos el número de expedientes a la firma de la Jefatura de Gabinete bajó notoriamente. Ya lo había corroborado un gobernador de la oposición, meses atrás, consultado por Clarín en el Patio de las Palmeras de la Casa Rosada: «Este es el gobierno de los convenios, nadie ejecuta nada».

Manzur tiene llegada directa a Cristina Kirchner, a pesar de que el vínculo tuvo sus turbulencias serias. En el 2018, en pleno gobierno de Cambiemos que atravesó sin inconvenientes, el tucumano declaró que el de la ex Presidenta era «un ciclo concluido»: lo dijo, aseguran, porque José Alperovich, ahora vapuleado judicial, política y socialmente, y recluido en un campo de Santiago del Estero, le había hecho llegar un mensaje de la ex mandataria que supuestamente lo sugería a él como posible candidato a gobernador, otra vez.

A Cristina Kirchner la fastidio además que el tucumano haya sorteado sin sufrimiento el desarrollo de la investigación en torno a las supuestas irregularidades en el Plan Qunita que, al final, la Justicia desacreditó.

«Su agenda pasa por los intendentes, los sindicalistas, los gobernadores y los empresarios», resaltan cerca del jefe de Gabinete. El ex gobernador tiene, además, un vínculo privilegiado con Estados Unidos -sembrado por él mismo y, en parte, por el lobbista Gustavo Cinosi- y con la colectividad judía.

A los intendentes les dedica buena parte del día. En la semana, por caso, estuvo en La Matanza, con Fernando Espinoza, al que conoce desde que llegó de Tucumán y manejó el área de salud del municipio cuando Alberto Balestrini tenía el dominio absoluto del distrito. Manzur reparte tareas con Eduardo «Wado» de Pedro.

En las últimas semanas, los trascendidos en torno a que el ex gobernador se despida del gabinete volvieron a sonar con fuerza. Es un síntoma, aseguran cerca del jefe de ministros, de la crisis que sacude al gobierno. Se menciona la chance de un regreso al distrito junto a Osvaldo Jaldo -el funcionario se arma agenda todos los viernes en su provincia- o la posibilidad de que Pablo Yedlin renuncie y ceda su banca en el Senado. «Es el lugar natural de los ex gobernadores», analiza un dirigente tucumano.

El próximo miércoles a las 7.30 en el Salón Eva Perón, el funcionario ya cursó invitación a todos los ministros para la reunión de gabinete que debía realizar la semana pasada y se pospuso, según justificaron, para que Silvina Batakis «se asiente en la gestión» y tenga tiempo para sus primeras medidas.

Al último encuentro, hace más de quince días, faltaron siete ministros, incluido Guzmán, que después renunció y dejó al Gobierno, y a Manzur en particular, en medio de un torbellino de versiones.

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