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La crisis del sistema de salud se sigue agravando

Asociaciones profesionales alertan que las obras sociales y prepagas están suspendiendo cirugías; y advierten que tienen dificultades para seguir brindando servicios ante los aumentos de sus costos.

  • Operaciones programadas. La Sociedad Argentina de Cirugía de la Obesidad (SACO) manifestó su “preocupación” por la suspensión de intervenciones bariátricas, una práctica respaldada científicamente para bajar de peso y regulada por una ley nacional para tratar casos de obesidad complejos.
  • Por el salto del dólar. La Confederación Unificada Bioquímica de la República Argentina (CUBRA) advirtió que se les triplicaron los costos y que están a un paso de dejar de prestar servicios. Por su parte, la Federación de Cámaras de Emergencias Médicas y Salud Domiciliaria (FEM) expresó su inquietud por el impacto del aumento de los combustibles en su actividad.
La crisis del sistema de salud se sigue agravando. Ayer, los bioquímicos advirtieron que están en riesgo de dejar de prestar servicios por el impacto de la devaluación (ver Bioquímicos…). Y horas después, otra entidad emitió otro alerta, por otras razones: la suspensión de cirugías bariátricas por parte de prepagas y obras sociales.

En ambos casos, hay un punto en común, y es obviamente el económico. Pero en el caso de las bariátricas, una práctica respaldada científicamente y regulada incluso por una ley nacional para tratar casos de obesidad complejos, el punto no es el dólar sino una nebulosa en la que quedan los pacientes antes la respuesta del prestador: suspendida hasta nuevo aviso.

En una carta firmada por su presidente, Jorge Harraca, la Sociedad Argentina de Cirugía de la Obesidad (SACO) manifestó su “preocupación” por la “suspensión transitoria de las intervenciones bariátricas programadas que han dispuesto diferentes obras sociales y prepagas, atribuyendo dicha decisión al contexto económico actual del país”.

En diálogo con Clarín, Harraca señaló que ese texto “no es una denuncia, pero sí un alerta” que la entidad decidió hacer porque en las últimas semanas comenzaron a acumularse las consultas de sus asociados que se enfrentaban con la suspensión de las cirugías programadas por parte de los prestadores: “Son fenómenos en cadena. Empieza uno empieza uno y van todos detrás”.

Harraca dice que las explicaciones que reciben los afiliados son vagas. Que en algunos casos les dicen que están suspendidas por 3 meses, en otros por 4, en otros hasta nuevo aviso, en otros temporariamente. El mismo cuenta que le ocurrió con una paciente, a quien su obra social le dijo que no había insumos para operarla y era mentira: “Soy yo, quien la va a operar, el que sabe si hay o no insumos”.

En casi todos los casos, la respuesta es verbal. Sólo, cuenta, tienen registrado a un paciente de la obra social de la provincia de La Rioja que recibió por escrito la negativa de la operación: “Hasta marzo de 2024 inclusive quedan suspendidas las cirugías programadas (en vuestro caso Cirugías Bariátricas) debido a los altos costos en los insumos y descartables de las cirugías, esperando que en este lapso la economía se estabilice y retomar en marzo de 2024”.

“El paciente podría ir a reclamar a Defensa del Consumidor o a la Superintendencia de Servicios de Salud, pero es un desgaste para una persona que ya está transitando un proceso emocional”, puntualiza.

Las suspensiones de las cirugías, por lo que tiene relevado SACO, provienen básicamente de obras sociales. Las prepagas, explica el médico, suelen poner trabas para directamente no aceptar al paciente. Es que la bariátrica no es algo que se haga de un día para el otro. La propia ley establece que el paciente debe estar en un proceso terapéutico de un año hasta llegar a la intervención.

En Argentina al año se hacen 14.000 cirugías bariátricas y, dice Harraca, deberían ser el doble, si se considera que el 50% de los pedidos son rechazados por quienes tienen que pagarlos. Para el experto, en este escenario de crisis es imprescindible priorizar y dar respuesta primero a los pacientes más críticos. “Estas demoras van en contra de los intereses de las personas, en especial las que son diabéticas o hipertensas. Les postergan la solución: a nadie se le ocurriría suspenderle el antihipertensivo como le suspenden la cirugía”, remarca el cirujano, quien cree que en definitiva el problema está en la subestimación que se hace de la obesidad.

“Se cree que tiene que ver con una cuestión de voluntad, con cerrar la boca. No se entiende que es una enfermedad, un problema que requiere un profundo cambio cultural y que entre otros aspectos implica la mala relación con los alimentos y una industria que la fogonea”, remarca.

Clarin

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