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Massa sin pingüinos ni galera, un plan canje en peligro y los riesgos del martes 13

La ruptura de relaciones entre oficialismo y oposición en el Congreso complican el proyecto de blanqueo que alienta el ministro de Economía. La experiencia de la gestión de Macri, las dudas puertas adentro de la Corte y la ambulancia patagónica de Javier Milei.

Sergio Massa tiene que hacer una proeza que no logró Martín Guzmán con el acuerdo del FMI: que el cristinismo extremo le salga a militar el proyecto de blanqueo de capitales. Nadie levanta mucha presión contra la iniciativa, porque blanquear es mejorar las rentas públicas, más allá de que cierto eticismo critique estas medidas, porque premian a quien evadió, eludió o escondió. Vivimos en un país católico y el perdón cae siempre simpático. Pero cuando se explique en detalle que el proyecto es una manera de imbricar la legislación fiscal de la Argentina con la de que Estados Unidos para cerrar un compromiso de ayuda mutua con el imperio, les van a faltar las palabras a los cristinistas.

Encima el gobierno viene de firmar con EE.UU. el acuerdo de intercambio de información fiscal, que perfecciona otro que cerró el gobierno de Mauricio Macri firmado en los últimos días de diciembre de 2016, empezó a regir en enero de 2017 y permitió intercambio de datos a principios de 2018 respecto de las cuentas y patrimonios vigentes en el año fiscal 2017. Por mucho menos, los cristinistas intentaron dinamitar la gestión de Guzmán y rechazaron el acuerdo con el FMI. Al punto de que Maxi Kirchner prefirió dejar la conducción del bloque oficialista de Diputados para asumir su nueva función de «papagaio do pirata«. Así llaman en Brasil a los figuretti que se ponen detrás de los protagonistas en las fotos. Maxi es infaltable en las fotos de familia del peronismo de su distrito. Pasó de conductor a ser un emblema en el hombro de otros (como el loro de los piratas).

Una zanahoria para el próximo gobierno

Cualquier transa sobre cualquier proyecto, fuera el blanqueo o algún otro menos espinoso, tiene que ocurrir en las próximas horas, porque el próximo 20 de diciembre vence el plazo para que se firme un dictamen de comisión. Sin ánimo de conversar es imposible que Massa pueda tener el acuerdo para el blanqueo.

A su gestión le sirve como argumento de prestigio ante los mercados y los organismos internacionales. Hacia adentro del país, le sirve como amenaza a los díscolos para que desmantelen operaciones de elusión fiscal. A un futuro gobierno le puede servir más porque permitirá mejorar la recaudación. Pero nada de esto rendirá frutos antes de dos años. Si la oposición confía en que ganará en 2023, creen en Economía, puede acercar posiciones. Pero hasta ahora no se ha abierto ninguna conversación en ese sentido.

Hay mucho jefe de viajeGerardo Morales por una semana a un congreso energético a Panamá; Mauricio Macri está instalado en Qatar como dueño de casa: Horacio Rodríguez Larreta extendió su viaje a EE.UU. con una jornada de descanso en Nueva York. Lo espera una malón de 4000 dirigentes de todo el país para el lanzamiento de este jueves en Costa Salguero. Facundo Manes hizo una aparición en Kenia, y otras personalidades permanecen agazapadas en anónimas tribunas qataríes.

Más peleados que nunca

La cúpula del Frente de Todos está más trizada que nunca. La fractura con la oposición es consecuencia de esas desavenencias del oficialismo, que no es nueva, ha redundado esta vez en una fractura de relaciones con la oposición.

La política del cristinismo de negarle a la oposición la legalidad de sus representantes en el Consejo de la Magistratura es el caso que los divide en la superficie. El Senado está paralizado ya que la oposición niega el quórum porque le rechazan la designación de Luis Juez en la Magistratura. En Diputados las cosas no van mejor. El cristinismo invalida a los representantes de la oposición, aun a costa de que Cecilia Moreau -delegada de Massa en esa función- no haya podido validar su presidencia de la Cámara. ¿Con qué cara le van a pedir ahora a la oposición que apoye un proyecto de blanqueo? Y aún si esa pelea se remontase, ¿se comprometería el oficialismo, en una hipotética sesión, a que sus diputados no abrieran la boca sobre la condena de Cristina de Kirchner en la causa Vialidad para, en cambio, apoyar un blanqueo que beneficia al anti cristinista Massa, y a una oposición que se alista a ganarles las elecciones?

Macri, el que mejor blanqueó

El blanqueo le puede permitir a la Argentina hacerse de los dólares que están en manos del público fuera del sistema, pero que le faltan al Central y a la Tesorería. Los blanqueos los carga el diablo. Les fascinan a los gobiernos, pero los complican las oposiciones. En el fondo les convienen a todos, pero a quien gobierna le cuesta convencer a sus adversarios. En el último medio siglo en el país hubo ocho blanqueos, el primero bajo el gobierno de Juan Perón. El más exitoso fue el de Mauricio Macri, que tenía la ventaja, para el blanqueante, de que podían dejar la plata afuera. Es lo más que se pudo lograr, con restricciones que plantearon la oposición del peronismo y también algunos aliados, como Alfonso de Prat Gay o Elisa Carrió.

Este blanqueo tuvo toqueteos discutibles, que le costaron a Macri una denuncia que hizo Felipe Solá contra el decreto que reglamentó aquel sinceramiento, para que algunos familiares de funcionarios pudieran entrar en el perdón.

Según el economista Horacio Casabé se sinceraron un total de U$S 97.842 millones; correspondiendo U$S 13.715 en el país (14%); y U$S 84.127 en el exterior (86%).

Sin credibilidad tampoco hay blanqueo

No le va a ser fácil al Gobierno avanzar en esta ley, que necesita para sincerar ahorros off shore, por dos razones: 1) un blanqueo prospera cuando hay credibilidad política, algo que este gobierno no tiene en el último tramo de la administración y con pronóstico electoral sombrío; 2) la oposición querría un blanqueo, pero ¿para qué regalarle eso al oficialismo que se va? Lo facilita el hecho que reconocen los expertos de que un blanqueo funciona a partir de cierto tiempo. No tiene efectos inmediatos.

El que diseña este gobierno podría rendir frutos recién dentro de dos años. Lo disfrutaría -si cabe la palabra- el futuro gobierno. Es decir, si se pusieran de acuerdo, sería una inversión que beneficiaría a los dos. Ese acuerdo hoy es imposible. Tan difícil como el que permitiría reabrir el Congreso. Pero siempre que un conflicto está en su punto más agrio, es cuando aparece la solución.

Tampoco puede mover ley Antilavado

La ruptura de relaciones entre oficialismo y oposición en el Congreso es el principal problema que tiene Massa para perfeccionar sus promesas. Le atribuyen sacar pingüinos de la galera, como decía Alberto Kohan sobre Menem. Hoy no hay ni galeras ni pingüinos, tampoco conejos. Como es audaz y racional, apenas acomoda los muebles en el desordenado living que heredó en Economía. Convirtió el amoblamiento tipo avenida Belgrano que le dejó Martín Guzmán, en un ambiente con aroma de Recoleta, más ordenado, pero con el mismo mobiliario.

Pero ahora se quedó sin el control de Diputados para la sanción del proyecto que busca modificar la legislación vigente sobre la prevención y represión del lavado de activos, la financiación del terrorismo y el financiamiento de la proliferación de armas de destrucción masiva. Lo pide el GAFI (Grupo de Acción Financiera Internacional) y la oposición logró modificaciones para darle más independencia a la UIF (Unidad de Información Financiera) respecto del gobierno.

No se sabe del todo si anular las designaciones de los consejeros de la Magistratura fue un servicio a Cristina de Kirchner para equiparar la política del peronismo en las dos cámaras, o fue fruto de la torpeza de los funcionarios de la cámara baja. El producto final es la suspensión del acuerdo sobre el proyecto de lavado y un Massa con menos poder que antes.

El plan canje en peligro

El oficialismo, además, está a punto de perder el recurso que tiene para intentar un plan canje con la oposición: nos aceptan a Martín Doñate en el Senado y les reconocemos a Álvaro González por Diputados. No hay razón para que alguien lo acepte, pero es lo que hacen llegar emisarios del oficialismo cuando se acercan a algunos opositores. Le atribuyen a Leopoldo Moreau haber intentado movilizar esta transacción.

Para colmo el próximo jueves la Corte tiene convocado un acuerdo del cual puede salir el reconocimiento de Luis Juez como representante del Senado. Iba a ocurrir este martes, pero entre el partido con Croacia y la salud de Carlos Rosenkrantz, guardado por Covid desde hace una semana, prefirieron trasladar la fecha. Nunca reconocerían los supremos que un martes 13 no es la mejor fecha para arriesgar decisiones resbaladizas. Y menos de alto impacto como alguna sentencia de color político -Juez, rentas de la CABA o Milagro Sala- que podrían quedar opacadas por los festejos o los lamentos mundialistas.

El próximo martes 20 es fecha clave porque es el deadline para dictaminar proyectos y coincide con la última reunión del año de la Corte. El oficialismo del Senado hace circular una minuta de temas pendientes para sesionar ese día. Pero la oposición insiste en no dar el quórum. El jefe de uno de los bloques cristinistas, José Mayans, se repone de una larga internación, ya está en su casa, pero la familia le aconseja que por ahora no aparezca en público. El senador por Salta Sergio Leavy honró su apodo y se hizo el oso: se fue a Qatar hasta el final de la copa. Le peleará por el oficialismo a Mauricio Macri el privilegio de levantar la copa, si todo va bien.

La ambulancia pasó por la Patagonia

Con tanta globalidad, algunos artesanos construyen desde abajo. Javier Milei se atribuye una operación de captura de adhesiones en toda la Patagonia, que se ha convertido en un laboratorio muy útil de las tendencias políticas. Las provincias de esa región nacieron cuando ya existían las grandes familias políticas de la era fundacional del sistema -ley Sáenz Peña 1912-1916-. La adaptación de las familias que representan los sellos del viejo sistema bipartidario -el peronismo, vicario del conservadorismo, y el radicalismo- ha sido problemática y boyante.

El modelo es Neuquén, gobernada desde su creación por un partido provincial imbatible. En las otras provincias, la alternancia entre peronismo y radicalismo ha sido una marca, con la excepción de Santa Cruz, facturada para el peronismo. Son territorios en donde se pone a prueba la firmeza de los partidos tradicionales.

El proyecto de Javier Milei ha puesto pie por ahí y hará un desfile de armas el próximo sábado 17 en el polideportivo de Neuquén con dirigentes patagónicos. Por Neuquén lo representa el ex lilito Carlos Eguía, que sale de Juntos por el Cambio, que superó la crisis con «Rolo» Figueroa. Este ex MPN figura en los planes de Macri y Larreta para candidato a la gobernación, pero apareció dando el quórum a la última sesión de Diputados, en beneficio del peronismo – buscó desmarcar de la dialéctica nacional ante el electorado local. Por Río Negro sube a la ambulancia el intendente de Campo Grande Ariel Rivero – hasta ahora alineado con Miguel Pichetto. Por Chubut estará el entrepreneur César Treffinger, que salió 3° en las últimas elecciones, y por Tierra del Fuego Agustín Coto.

El Partido Demócrata Nacional renovó este fin de semana las autoridades. Es la formación nacional que lanzó a Milei como candidato a presidente antes que nadie. En la reunión fue reelegido como presidente el ex diputado nacional Carlos Balter. La diputada por Buenos Aires, Victoria Villarruel (lista Milei) quedó como secretaria general. Le pone sal a este encuentro que ocurriese en la sede del Partido Demócrata de la CABA, que es aliado de Juntos por el Cambio, y apuesta a la chance electoral de Horacio Rodríguez Larreta. El PDN tiene inquinas, como todo partido. Villarruel ejerce la presidencia del partido en la provincia de Buenos Aires, pero le falta un paso legal para que le reconozcan el cargo. Por eso tiene el partido intervenido. Esta situación le impidió hacerse con el cargo de vicepresidenta del partido, en donde se impuso Balter como conductor.

Clarín

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