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Para completar la proeza del gasoducto, hay que lograr consenso en el Congreso

Los beneficios del Gasoducto Néstor Kirchner son tan evidentes que resulta difícil encontrar un sentido a todas las postergaciones que tuvo desde que empezó a ser proyectado. Lo que debería quedar como mensaje es que, en materia de infraestructura, el beneficio de hacer siempre es mayor a la duda de postergar. Porque los países crecen, y crecen sus necesidades. Y aunque nadie puede predecir catástrofes como la pandemia o la sequía, siempre es mejor estar preparados. Un país que vive en estado de «emergencia económica» debería saberlo.

Miguel Gutiérrez, el último presidente de YPF de la gestión Macri, dedicó sus últimos dos año de gestión a persuadir a la política y a los empresarios, sobre qué implicaba de verdad Vaca Muerta. La formación neuquina podía devolverle a la Argentina una de sus tantas oportunidades perdidas, si había consenso sobre todas las obras que se requerían para darle escala al yacimiento, la segunda reserva de gas más grande del planeta. La primera era el gasoducto. La segunda era la planta regasificadora de GNL, ambas obras pensadas con inversión privada.

En su tour de evangelización, Gutiérrez recorrió casi todas las centrales empresarias, entre ellas la UIA. Cuando un industrial le preguntó en voz baja si lo de Vaca Muerta no era show off, entendió que el camino que quedaba por recorrer era más largo de lo que imaginaba.

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La coyuntura no ayudó. Hubo crisis financiera, vino el FMI, perdió Macri y con el cambio de gobierno se dio marcha atrás con la licitación en marcha. Más allá del paréntesis de la pandemia, se prefirió no convalidar una obra cuyo costo en parte iba a tener que ser solventado vía tarifas. La licitación original se paró y la pelota quedó en manos de Enarsa.

Covid mediante, la crisis no se fue, el FMI tampoco, y lo que se buscó evitar hace tres años se transformó en inevitable. El déficit fiscal y la escasez de dólares abrieron la puerta al sinceramiento tarifario y al desafío de concretar el GPNK en tiempo récord.

Todos sostienen que en esta faena, la medalla se la ganó Enarsa, despejando todo lo necesario para que las constructoras de Techint y Pampa Energía cumplieran los tiempos programados. A corto plazo, celebraremos el ahorro de divisas en importaciones de gas, pero lo importante es que le dará escala a las inversiones que hacen fila en Vaca Muerta. El gas es el combustible de la transición energética y su demanda va a seguir en aumento. Ahora es de esperar que la foto de unidad que coronó esta inauguración, se repita cuando el Congreso deba votar las leyes que complementen la proeza celebrada ayer.

 

El Cronista

 

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