Novedades

Racing, otra vez con épica, remontó un partido que perdía 2 a 0 y definirá con Boca el Trofeo de Campeones

De pasar vergüenza a ganar con el corazón. De dos golpes que lo dejaron groggy a soñar con el cinturón de campeón. De mostrarse como un equipo desangelado, con las piernas caídas y sin actitud a una reacción que se esperaba después del torneo que se le escapó en la última fecha y ese primer tiempo lamentable. Dio la cara Racing. Lo ganó de arrebato en el último instante del alargue, cuando todos los caminos conducían a los penales. Y ahora tendrá una posibilidad inmejorable de terminar la temporada con otra final, el Trofeo de Campeones, justo contra Boca.

Ese freno de Johan Carbonero y el cabezazo goleador de Gabriel Hauche le dieron el triunfo en un desenlace propio de una película dramática. Lo perdía 2 a 0 y lo ganó 3 a 2. ¿Qué le habrá dicho Fernando Gago en el entretiempo a sus jugadores? Daba la sensación de partido de fin de ciclo. Tigre dio todo. Incluso, jugando una hora y media con un hombre menos por la expulsión de Abel Luciatti, un horror de Darío Herrera. Los cambios de Diego Martínez no funcionaron, pero poco podrán reprocharles a esos futbolistas que se brindaron, en especial Equi Fernández, que aguantó el ritmo.

El mensaje de los los hinchas cuando terminó el primer tiempo, aquel que llegó de Alcorta y Monasterio, expresó el sentimiento popular y fue una devolución a lo que reflejó el equipo sobre el césped del Ducó. “Movete, Racing, movete; movete, dejá de joder”, bramó la gente. Y siguió con silbidos. No era para menos. La Academia había mostrado una de las peores versiones del ciclo de Gago.

Y pareció tocar el orgullo de los futbolistas de celeste y blanco. Porque en el segundo tiempo, hubo otra impronta. Más enérgico, más concentrado, dispuesto a cambiar la imagen. Había predominado el desorden, la anarquía en la etapa inicial. Lo remontó en el segundo tiempo con un extraordinario Jonathan Gómez, que había mostrado los dos rostros del teatro. Cometió un penal y quedó en la foto del segundo gol de Tigre, pero asistió a Maxi Romero en el descuento y pegó el grito del empate.

El Matador, diezmado, tuvo que multiplicar esfuerzos por la expulsión de Luciatti y terminó pidiendo la hora para llegar al alargue y reemplazar a Víctor Cabrera, zaguero central lesionado que jugó de “9” el último tramo del tiempo reglamentario.

Racing se había dejado llevar por delante. Lejos de esa postura avasallante que lo caracteriza, se lo vio aturdido en el primer tiempo, como si el mazazo de River todavía lo tuviera anestesiado. Tigre, en cambio, se había mostrado intenso, concentrado, imponiendo condiciones. Con un futbolista diferencial: Facundo Colidio.

El pibe que surgió en Boca y muy pronto fue transferido al Inter es un delantero que tiene grandes cualidades técnicas. Entonces, no juega estacionado en un sector de la cancha. En ese 4-2-3-1 que presentó Martínez, retrocede, arma el circuito de elaboración y maneja los dos perfiles. Esa dinámica propia contagió en el funcionamiento colectivo. Tigre tuvo muy claro el plan. Amenazante con Mateo Retegui, el goleador de la Liga Profesional, detrás asomó un volante mixto como Equi Fernández. Por afuera, por adentro, ganaban terreno los jugadores de Victoria.

Empujaba Tigre y Racing apostaba a la contra con algún pelotazo largo de los centrales. Hasta que encontró el gol en un penal muy polémico que Darío Herrera convalidó vía VAR. Es cierto que Jonathan estiró la camiseta de Retegui cuando intentó hacer equilibrio. Ahora, el atacante no sólo no se cayó; tampoco pareció tener problemas para sostenerse. El propio Mateo ejecutó desde los once metros y no falló.

Entonces, llegó un grosero error del árbitro y esta vez no pudo intervenir Fernando Espinoza detrás del monitor en Ezeiza. Luciatti ya estaba amonestado por una infracción a Enzo Copetti cuando recién comenzaba el partido y cruzó ante Carlos Alcaraz. Llegó primero el zaguero de Tigre, el joven mediocampista se tiró y Herrera compró. Segunda amarilla y afuera. El VAR sólo puede advertir al juez principal en el caso de una roja directa.

Martínez reamó la defensa con el ingreso de Brian Leizza y la salida de Blas Armoa. Se esperaba una actitud diferente de Racing, pero Tigre no perdió el eje. Y entre la apatía ajena y el amor propio, llegó el segundo. Empezó y terminó en los pies de Colidio, el mejor. Fallaron Iván Pillud y Gabriel Arias. Con uno menos, el Matador logró lo impensado en un momento clave del partido.

Copetti reclamó un penal en una jugada que anticipó Leizza y salió lesionado. Entró Maxi Romero que casi logra el descuento en el final, pero Lucas Blondel llegó justo para cruzar en la línea de sentencia.

En el segundo tiempo, la primera jugada, un remate de Gómez que tapó Marinelli ya dejó ver otro Racing. El arquero de Tigre le sacó una pelota del ángulo a Romero. Todo fue de la Academia, que descontó rápido. Y lo empató Romero. El ingreso de Sebastián Prediger le dio un mayor equilibrio al Matador.

Sin embargo, Racing llevaba el peso del partido. Lo hizo hasta el segundo tiempo extra. En el final, parecía que Tigre lo emparejaba. Hasta que llegó el gol del Demonio. Y los hinchas se fueron felices. Por la victoria y porque hubo una gran reacción.

compartir