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Un joven pianista entrerriano es el page turner en el Festival de Marta Argerich

Matías Federico es un joven pianista entrerriano al que le tocó el estresante rol de “page turner” en el Festival Argerich. El músico relata cómo vivió la experiencia y qué le dijo la diva. “La tentación de bajar la mirada, ver las manos, y sentir lo que estaba pasando era enorme. Pero la concentración es tal que resulta imposible, tenés que seguir con extrema atención la música”, aseguró.

El momento de necesidad de los pianistas

Durante el recital, cuando el pianista llega a la última nota en la página de la partitura, quiere a alguien al lado para que ejecute la vuelta de página con mucha precisión. Es el momento de mayor necesidad de los pianistas.

Difícil olvidar cuando en uno de los conciertos de Martha Argerich en el CCK,en 2019, la pianista tuvo que apoyar la cabeza sobre el atril del piano, mientras seguía tocando, para impedir que el page turner volviera por enésima vez a cambiar la página a destiempo. Fue un momento de gran tensión no solo para la pianista, también para el público.

En cuanto a Matías Federico, es un joven pianista entrerriano de 35 años, cuando se mudó a Buenos Aires estudió en la UNA, y actualmente cursa una maestría en la UNTREF. Esto es lo que nos contó de su experiencia junto a Argerich.

-¿Cómo se prepara un page turner antes del concierto?

-Algunas obras las conocía, pero otras las conocía menos. Entonces las estuve escuchando y eso me sirve para prepararme. El recital para dos pianos de Argerich y Goerner fue un concierto largo, y hay que estar muy, muy atento. Y una de las obras, particularmente Rachmaninov, era muy complicada.

-Tal vez, en este caso, lo más complejo es aislarte, no ceder a la tentación de entregarte a la emoción de lo que está pasando musicalmente.

-Es tremendo. La tentación de bajar la mirada, ver las manos, y sentir lo que estaba pasando era enorme. Pero la concentración es tal que resulta imposible, tenés que seguir con extrema atención la música.

Me pasó en el bis, con el Bailecito de Guastavino, que casi me largo a llorar. Empecé a frenar la emoción, porque se me estaban llenando los ojos de lágrimas y no iba a poder dar vuelta las páginas. Empecé a pestañear demasiado.

-¿Cómo fueron los ensayos?

-Fue tremendo, porque me avisaron el mismo día para ir al ensayo. Escuché un poco las obras y fui. Debussy estuvo bien. Mozart ya lo conocía, así que también. Pero cuando empezó Rachmaninov me di cuenta que el libro era nuevo, y no hay peor enemigo de un vueltista de página que un libro nuevo.

Me puse a separar un poco las páginas. Cuando empezaron a ensayar, al principio, fue todo bien; pero en la última danza me tuve que poner a despegar las hojas y fue un poco desastroso.

-Pensaste que no te llamaban más.

-Claro. “Después de esto me imagino que no vuelvo”, me dije. Y al final, volví.

Pedidos especiales y libertad absoluta

-¿Te hizo algún pedido especial Martha?

-Nelson a Juan Pablo, sí; cuándo pararse para dar vuelta la página, por ejemplo. Pero Martha, no. Es un alma libre. No le gusta nada estructurado, así que no teníamos un sistema ni nada parecido.

Ella quería que me parara cuando ella pensaba que tenía que hacerlo. Y, bueno, después empezó a darse esa conexión. Empezás a notar cuando está llegando al final, y hay algunos pasajes que necesita tener hasta último momento la página enfrente.

-Difícil moverse hacia el atril, ¿no? Tenés que ser un poco invisible e imperceptible.

-Sí, cómo acercarte y cómo sentarte de nuevo. Si te sentás fuerte, hace ruido la silla. Hay que ver bien a qué distancia sentarte, que debería ser la mayor posible para que el pianista tenga la mayor libertad. Hay que ensayarlo una y otra vez.

¿Alguna vez habías dado vuelta las páginas?

-En el Conservatorio, cosas más chicas, sí. Pero nunca a alguien como Martha.

-¿Y qué te decía Martha en los ensayos?

-Nos contó un par de anécdotas. Me pedía opiniones sobre lo que había tocado (risas). También me indicaba las páginas que ella quería dar vuelta. Y en el concierto, cuando cambiamos de piano, me dijo: “¿Y? ¿Te gustó, che?” (risas).

-¿Qué viste estando tan de cerca que te llamara la atención?

-La potencia enorme que puede sacar y la tremenda sutileza. Y me impresionó ver la diferencia entre dos dedos, como diferencia las voces, las líneas melódicas simultáneas. Los dedos parecen de un material muy blando y en otro momento de roble. Cuando lo vez de cerca es muy impresionante.

La Nación

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