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Vacuna contra el Covid: apuran la bivalente nacional mientras la importada no llega

A diferencia de otros países de la región, Argentina todavía no ha comunicado novedades sobre la vacuna bivalente contra el Covid. Se trata de la fórmula que en algunos países del mundo ya se aplica contra dos variantes: la ancestral de Wuhan y la última conocida hasta ahora, Ómicron.

Los laboratorios que las comercializan son Moderna y Pfizer, cuyas nuevas versiones han sido aprobadas tanto por las agencias sanitarias de Europa y Estados Unidos, además de varias de Sudamérica. En Argentina, por ahora la ANMAT no se ha expedido.

El escenario local se vislumbra diferente al regional no sólo por ese aspecto burocrático aún pendiente, sino también por otro motivo clave: Argentina estaría relativamente cerca de poder vacunar a su población con una vacuna bivalente íntegramente hecha en Argentina.

Se trata de la ARVAC Cecilia Grierson, cuya fase 1 mostró muy buenos resultados y en los próximos días debería estar comenzando la fase 2/3. El horizonte de los investigadores es que los resultados del ensayo puedan presentarse en ANMAT entre abril y mayo para su registro y, así, tenerla habilitada para su uso en junio.

“Estamos con las formalidades regulatorias y esperamos que la ANMAT nos autorice el ensayo de fase 2/3 este mes”, contó en las últimas horas a Clarín una fuente de Cassará, laboratorio que para el proyecto está asociado con la Universidad Nacional de San Martín y el Conicet, entre otros institutos.

Al presentar los resultados de fase 1, los investigadores habían destacado que los anticuerpos neutralizantes que generaba este booster (todavía en su primera versión monovalente) eran superiores al refuerzo de Pfizer: un aumento de 30 veces contra siete.

Otra ventaja sería su precio: se estima un costo de entre 12 y 15 dólares por dosis, mientras la bivalente importada oscila entre 26 y 30 dólares. A 2,5 millones de dosis bivalentes mensuales (la capacidad operativa de Cassará), el país podría ahorrarse unos 36 millones de dólares cada 30 días. El Estado, además, pagaría en pesos.

El tercer elemento ventajoso destacado por los científicos locales es que la fórmula de esta vacuna, debido a las características de su plataforma tecnológica, se podría modificar rápidamente si es necesario. De manera que si Ómicron fuera desplazada por otra variante dominante, el volantazo se daría sin demoras.

Lo que no está del todo claro, todavía, es si el Gobierno decidirá esperar los resultados de la vacuna ARVAC con la esperanza de que efectivamente ésta pueda estar disponible en el corto plazo, o mientras tanto adquirirá algunos lotes de vacunas bivalentes importadas.

Las vacunas que las provincias tienen hoy en stock -unos 7 millones de dosis-, sirven para proteger contra la enfermedad grave y la muerte, pero ya casi no son una barrera contra el contagio. La sexta ola muestra que en los últimos 15 días los casos registrados saltaron de 3 mil semanales a 27 mil. Se multiplicaron por nueve. Y la cifra cuenta una mínima parte de la realidad: la gente que se testea.

Las autoridades ya han alertado sobre la importancia de aplicarse los refuerzos en el actual contexto epidemiológico, aunque el aviso parece correr detrás de la curva, debido al plazo que siempre exige el desarrollo de la inmunidad tras la aplicación.

La demanda de dosis contra el Covid mostró un fuerte aumento. En la última semana, el promedio diario de vacunas aplicadas fue de 61.167, cuando en su piso  reciente (cuando la sensación era que el virus pandémico era cosas del pasado) había caído por debajo de 14 mil.

Al nuevo ritmo, el stock disponible alcanzaría para unos tres meses. Luego, es probable que para una eventual séptima ola los prometedores resultados de la vacuna Cecilia Grierson sean ya una realidad, con lo que Argentina se convertiría en uno de los pocos países del mundo en tener soberanía sanitaria contra el Covid.

La jugada, sin embargo, podría ser algo arriesgada. Una alternativa posible sería contar con un back up transitorio de dosis de Moderna o de Pfizer. El país ya ha tenido la experiencia de poner “todos los huevos en la misma canasta” en el comienzo de la campaña de vacunación, cuando apostó por AstraZeneca.

En aquella instancia la demora ocurrió justamente por problemas en la última fase de la investigación y, si bien luego la producción del principio activo en Argentina se hizo en tiempo y forma, el envasado y formulado en México tuvo retrasos que impidieron que los argentinos estuvieran bien inmunizados en el primer semestre de 2021.

La historia es conocida. En la emergencia, Argentina tuvo que salir a comprarle la Sputnik V a los rusos. Pero esa apuesta también tuvo complicaciones por las dificultades de producción del componente 2. Ese segundo bache se tapó con Sinopharm, que terminó siendo una de las vacunas menos robustas del mercado.

Todo aquello se dio en un contexto de postergación del contrato con Pfizer. Finalmente, las vacunas con tecnología ARN mensajero, que Argentina compró siete meses después de que las aprobara la ANMAT, terminaron dominando el mapa inmunitario global.

Hoy, el país tiene un saldo de vacunas de Moderna (primera generación), que se está utilizando para aplicar los refuerzos demorados. Hay gente que duda sobre si aplicarse la quinta dosis o esperar la bivalente, pero los expertos aconsejan darse la vacuna disponible si transcurrieron cuatro meses desde la última inyección.

Lo que aportaría la bivalente es un mayor poder contra Ómicron y, por lo tanto, la posibilidad de reducir otra vez la circulación del virus. Eso devolvería a la vacuna su naturaleza, que es lograr inmunidad colectiva, en lugar seguir condenándola a un rol vital pero acotado como escudo individual contra la evolución de la infección.

Las fuentes del laboratorio Cassará explicaron que la idea original era que la vacuna argentina estuviera lista antes, pero sobre la marcha decidieron que el desarrollo -en principio diseñado sólo contra la variante Gamma- se ajustara a la modalidad bivalente con la suma de Ómicron como blanco de ataque.

A fin de ganar tiempo, el laboratorio ya produce dosis “a riesgo”, para tenerlas en el momento en que la agencia sanitaria dé el visto bueno. La duda que persiste es si ese stock se sumará, llegado el momento, a las bivalentes extranjeras que puedan arribar antes al país, o será recién entonces que Argentina probará las mieles de la fórmula recargada.

Clarin

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